Este no pretende ser un tratado de administración, de los que abundan y pueblan las bibliotecas, girando sobre conceptos que ya se conocen y manejan en los claustros.
Tampoco pretende instituirse en la verdad revelada. Este libro es el producto de reflexiones y debates, mantenidos en talleres participativos, donde se colabora en la formación de personas, que buscan una estrategia diferente para salir de la crisis, y que sobre todo muestran una profunda voluntad de no dejarse vencer por el desánimo.
Las historias que se cuentan son las historias de gente que como nosotros, trabaja día a día en la gestación de sus propios proyectos de vida, y que ha aprendido que nada viene solo, que nadie puede regalar nada, que el “interés es la medida de las acciones”, y que los proyectos se cristalizan con trabajo, esfuerzo personal, y sobre todo con inteligencia aplicada.
Nuestra tarea ha sido y es, actualmente inducir a pensar, en tres herramientas básicas que todo autoempleado debe manejar con soltura, la negociación, la toma de decisiones, y la comunicación, todo ello nucleado y amalgamado en el crisol de la actitud positiva, que lo motive a una búsqueda personal, asumiendo el riesgo de emprender.
Una observación que resulta interesante traer a colación tiene que ver con la composición de los talleres. Un elevado número de mujeres asisten, participan y progresan con sus emprendimientos. Alguna psicóloga amiga observo, que el tradicional rol de la mujer, la ubicaba en una posición ventajosa, ya que una vez caída la relación marido-proveedor, mujer-colaboradora, y teniendo que asumir el rol activo, en términos de producción, la mujer revela altas potencialidades, profundas capacidades, y menores prejuicios sociales.
La focalización de nuestros talleres en las personas desocupadas mayores de 40 años obedece a una lectura del contexto actual y de sus perspectivas futuras en la región. Esta situación da cuenta de un verdadero fenómeno que no es exclusivo, pero que sin dudas tiene características distintivas, como algunas de las ya señaladas.
El único camino posible para la población desocupada de más de 40 años es el autoempleo.
Es previsible pensar que si
Los adultos mayores de 40 años podrían encontrar su fuente de ingresos en actividades de Autoempleo y, dentro de ellas, los emprendimientos de tipo familiar serían los de mayor sostenibilidad. Nuestra primera atención a este segmento de la población se debe, en primer lugar, a que es la población afectada que tiene “memoria” de una vida armoniosa, con hijos escolarizados y con sistemas de integración y protección social, con niveles de consumo aceptables, etc.; y en segundo lugar, a que la ausencia de programas públicos y/o privados de asistencia en este segmento es notoria.
Por eso trabajamos intensamente en fomentar la cultura de autoemplearse, predicando en continuado en nuestros talleres, para crear una nueva mística productiva a partir de la iniciativa propia.
En primera instancia, y en un espectro acotado, desde la experiencia universitaria, comenzamos a trabajar en capacitación y asistencia desarrollando programas gratuitos para el segmento de adultos desempleados, prácticamente sin apoyos iniciales y con la preocupación y trabajo voluntario de docentes y estudiantes.
En la actualidad los talleres se van multiplicando en distintos lugares, y en todos vamos viviendo experiencias exitosas y reconfortantes. Si un alumno tiene éxito, su éxito es ejemplificador, y multiplicador, y nosotros quedamos sumamente gratificados porque vemos que hay una salida posible basada en la creatividad, la imaginación y el esfuerzo.
El tipo de planeamiento fue siempre solapado con la acción. La interacción entre el cuerpo de docentes y los participantes fue dando forma a un enfoque del problema que, si bien en las consideraciones previas aparecía como hipótesis de trabajo, le dio sustento teórico a la propuesta concebida en la actualidad. De allí surgieron los doce pasos para autoemplearse, y la mecánica de acción que hoy predicamos. De allí surgen estos ejemplos que contamos en las páginas precedentes, y de allí surge el entusiasmo para seguir con más fuerza en la gestación de nuevas generaciones de emprendedores.
Nos permitimos soñar con una cadena de asociatividad nacional, y porque no internacional de micro emprendedores, que nucleados en un club, compartan sus experiencias, e intercambien productos, que les permitan ampliar sus mercados, y sus ofertas.
Decíamos en el principio de este libro: “Las actividades autónomas individuales o familiares tienen su inicio prácticamente desde los orígenes de la humanidad y, con mayor o menor medida, existieron y existen a lo largo de toda la historia y sin distinción de regímenes políticos y sociales.”
También el ladrillo tiene una existencia milenaria. Sin embargo sigue demostrando su eficiencia en la construcción. La cultura del emprendedor autónomo, va mutando y nutriéndose de nuevas herramientas de gestión, acorde a los cambios conductuales de la sociedad. Pero no pierde vigencia. Al contrario, surge revalorizada en la contrastante realidad laboral actual.
Somos concientes de la crítica que puede tener este enfoque. Nos reconocemos profundamente autocríticos.
Sabemos que es habitual, salvo las excepciones que confirman la regla y que son muchas, que las actividades desarrolladas por individuos o familias responden a labores de bajo valor agregado y con un entorno comercial local o regional que les da soporte. Este fenómeno no es exclusivo de comunidades rurales o alejadas de los centros urbanos, sino muy por el contrario, creció con las ciudades y con las grandes concentraciones de personas. Desde los oficios hasta la producción artesanal responden a este tipo de empleabilidad.
Sin embargo vemos como cada día crecen los emprendimientos que empezaron al amparo del apoyo local, y que toman una entidad que no deja de sorprendernos. Recuerde el ejemplo de Luciano. Como el podemos enunciar otros que ya adquieren una escala de producción y comercialización que trasciende las fronteras de su propia ciudad.
Mucha de esa gente no se amilanó ante las contingencias, no se amedrentó ante la impericia, no se dejó vencer por la desazón, y no se escudó en el falso argumento de que la falta de financiamiento hace imposible la pequeña vocación emprendedora.
Sirve aquí traer a colación las palabras del libro de autoempleo (Marcelo Busalacchi- Programas de Autoempleo, Alternativas a la crisis socioeconómica en comunidades locales, estudio de caso.), obligada referencia anterior de este libro:
“El camino del autoempleo y el desarrollo de emprendimientos familiares es una herramienta importante para el desarrollo socioeconómico en comunidades locales y son varias las experiencias exitosas en el país y en el mundo”.
“No es pretensión de este trabajo minimizar la importancia mayúscula que tienen las políticas de desarrollo económico a nivel de Bloques regionales, nacionales o provinciales, sólo se desea destacar que también en las comunidades locales hay que formular estrategias activas de intervención. Los planes de desarrollo estratégico de ciudades o más recientemente, los planes de competitividad territorial con agencias de desarrollo iniciadas, son buenos puntos de partida para planificar y anticipar el futuro, y uno de los focos debe ser la población adulta con problemas de ingresos por falta de actividad.”
“Los desafíos también incluyen otros aspectos que se señalan en estas líneas tales como: la educación y formación permanente en adultos, la formulación de redes productivas y comerciales que permitan la existencia de mercados comunitarios articulados con productores locales, la promoción con instrumentos públicos eficaces, el fortalecimiento permanente de organizaciones de la sociedad civil, la formación de capital social por parte de las empresas, etc”.
Esperamos que haya disfrutado de las anécdotas y que este libro tenga el efecto movilizador que buscamos, para despertar en el lector la vocación de emprender, viéndose reflejado en los ejemplos que relatamos, que surgen de experiencias vivenciales de personas con similares inquietudes y expectativas. Si es así nos habremos de sentir profundamente gratificados.